ENCUENTRO

 

 

El vapor del tren hizo que su aparición fuera mágica.

 

Yo esperaba a Gustavo. Gustavo no aparecía, mientras él se dirigía hacia mí con una sonrisa complacida. Me estrechó entre sus brazos con fuerza, con calor como si hubiera esperado ese momento durante toda su vida.

Intenté sacarle de su error y me besó, me besó tan apasionadamente que en ese instante dejó de ser un desconocido para mí.

Hasta ese momento quería aclararle: oiga se confunde, yo… yo espero a Gustavo… usted, usted… Pero no. Gustavo nunca me hubiera abrazado de esa forma, jamás su boca hubiera dicho tanto en tan poco como la de aquel hombre.

A pesar de mi silencio, el mal entendido saldría a la luz, me miraría más cerca de las farolas de la estación, saldríamos del vapor, del sueño, de la irrealidad, de la oscuridad luminosa de la pasión.

No dijo nada, con una mano cogió una pequeña maleta, con el otro brazo rodeó mi cuerpo y comenzó a caminar.

Al salir del apeadero, retiró mi sombrero hacia atrás, me contempló antes de cruzar la puerta de la estación, su gesto no cambió, se recreó en contemplarme, como si quisiera comprobar que era real tocó mi rostro.

-No puedo creer que estés aquí, dijo sin dejar de mirarme. Eres tan hermosa…

Volvió a besarme y tiró de mi mano mientras paraba un carruaje.

 

 

Alicante 14 Abril de 2005

 

 

 

 

 

 

[volver]