Madrid, 18 de octubre de 2005
Manifiesto
del Círculo Ñ
CiÑe
(Círculo independiente Ñ de escritores)
Como
dijo el poeta: «Creo en mí porque un día seré todas las cosas que
amo». Y, naturalmente, también las que sueño, las que sé que
tengo que realizar, las que me llaman irremediablemente a la acción y
las que no dejarán nunca de sisear en los oídos del olvido hasta
cumplir su perfecta factura y destino.
El
Círculo Ñ quiere cumplir con estos objetivos; es un círculo
porque empieza y acaba en sí mismo, ceñido al
viejo sueño de la humanidad, de sus pensadores y artistas, a
todos aquellos que sienten la urgente necesidad de manifestarse a través
de la palabra, de contar con sonidos y colores, de describir la realidad
y acercarse a la esencia.
El
hecho puede ser individual pero ha de manifestarse a través de un
grupo, de un equipo. Nadie es una isla, todos poblamos numerosos archipiélagos
rodeados de fantásticos corales que sólo unos pocos saben apreciar. La
mayor parte de los habitantes del Archipiélago son durmientes dirigidos
por astutos depredadores que sólo persiguen el beneficio propio y el de
sus adláteres. Sin embargo, en el fuero interno de cada cual palpita el
artista insomne capaz de sentir la belleza, de captar la plenitud del
mensaje.
El
logro de cualquiera es el resultado de la acción conjunta de muchos,
aunque no figuren en taxonomías ni estadísticas. Pero no podemos estar
esperando bajo el manzano con la boca abierta deseando que caiga la
fruta y redescubramos las leyes de la gravitación universal. Newton era
también un soñador de orden práctico. No hay que confundir la
necesidad con los deseos; ni los destellos oníricos con los delirios
irrelevantes.
Queremos
alzar la voz, volver la página, pintar de colores las fachadas de la
estúpida realidad que estamos permitiendo que otros construyan para
nosotros. Mejor aún, queremos derribarla y restituir los horizontes que
existen al otro lado, por mucho que algunos estén interesados en
ocultarlo, falsearlo, dirimirlo o negar su existencia.
Lo
único importante es ser uno mismo y poner a trabajar los lápices, las
sensaciones, las ideas, los sentimientos y, si no existe, crear o
inventar la fe, la imaginación creativa que mueve montañas, la esencia
omnisciente que descubre continentes cargados de maravillas, muy lejos,
al otro lado de cualquier océano conocido, a pesar de la oscuridad que
no es exactamente la ausencia de luz.
Y,
al final, llegar a ser todas las cosas que uno verdaderamente amó, que
soñó y trató de realizar en el noble continente casi olvidado donde
tiene su hogar la República de las Letras.
Xavier
de Tusalle
Presidente
de CiÑe
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