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Primera mención especial Campaña
concurso pro-Ñ
Breve
historia de un acento español
Jorge
Majfud
En
tiempos de Alfonso el Sabio, se escribía la “ñ” como doble nn. Era el equivalente francés de “gn” o del latín. Juan de
Valdés decía que la voz “ignorancia” del latín debía ser escrita
como iñorancia, lo que
sugiere que esa era la pronunciación original antes del siglo XVI.
Luego, la grafía, más estable que la fonética, impuso su ley. Hoy en
día todos pronunciamos “ignorancia” y no “iñorancia”.
Con
la difusión de la escritura, primero manuscrita y luego impresa, se
procura ahorrar papel. Es probable que la doble ene, la nn que sonaba “ñ”, se debió resumir en una sola n
con un acento que sustituía la otra. En la era de las computadoras,
creadas y desarrolladas en el mundo anglosajón, la “ñ” pasó a ser
objeto de conflictos o de simple omisión. Hoy de hecho no existe en la
mayoría de los teclados del mundo, por lo cual hay que hacer
complicadas y nunca iguales combinaciones para rescatarla. Esto no debería
ser un problema para la tecnología, pero al extenderse la cultura
digital cada vez se aleja más la posibilidad de incorporar al “ñ”
a una dirección de Internet o a un correo electrónico.
Se
podría pensar que así como la nn
desapareció por una razón práctica, volverá a usarse por otra razón
del mismo género —práctico. Pero ahora la ñ
contiene demasiados mundos. Su supervivencia en un hecho cultural y
es un hecho político; su violenta supresión también.
[Campaña
Pro-Ñ]
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